http://myblog.es/laflorista
powered by myblog.es
|
|
LA MAGIA DE LAS FLORES
Siempre me habían gustado las flores, sobre todo, las rosas, lilas, celindas, lirios,...y no me cansaba de mirarlas y olerlas. Pero mi camino de rosas fue toda una escuela de magia floral.
Levar un ramo me producía bienestar y las miradas de la gente cambiaban al mirar mis rosas.
Las flores irradian magia positiva que inunda los sentidos y toca directamente el corazón. ¿Por qué cambia nuestra casa con una simple flor y nos parece más bella? Las flores en el hogar te hacen ver lo que no está en su sitio, e incluso te muestras la más mínima mota de polvo porque a ellas les gusta la limpieza y armonía. Es más fácil sentir amor entre las flores, de ahí que los jardines nos parezcan lugares románticos donde fluyen nuestros sentimientos más hermosos.
También regalamos flores a los enfermos como forma de activar su energía positiva y su salud. Incluso los objetos y bordados que tienen decoración floral mejoran nuestro bienestar ¡Pongamos flores en nuestras vidas y contribuiremos a un mundo más feliz!
|
|
|
AMORES DE UNA FLORISTA

Carmen, una de mis amigas floristas, decía que me encontraba en un estado de gracia especial que hacía que todos los chicos se enamoraran de mí, cosa que la cabreaba bastante. Yo no tenía conciencia de ello, tal vez porque acababa de salir de una relación de manera muy dolorosa y no prestaba atención al asunto. Pero es verdad que tuve un montón de proposiciones de todo tipo, desde trabajadores de los sitios por los que pasaba (camareros, cocineros, chefs, dueños,...), clientes que me ofrecían un montón de dinero por el ramo de rosas si me quedaba a tomar una copa con ellos (cosa que no aceptaba ganándome el "estúpida" de vez en cuando), algún marido de esas parejas conocidas que disimulaban al verme también empezó a llamarme por teléfono o a presentarse en mi casa sin ser invitado,... Había un cocinero que me hacía proposiciones a diario, con el consiguiente cachondeo de todos sus compañeros que le avisaban apenas me dejaba ver por el restaurante; salía como una flecha a recibirme y, tan insistente era que acabé mintiéndole diciendo que tenía novio. Entonces montó en cólera preguntándome cómo podía querer a un tío que me dejaba salir a esas horas sola, que eso no era un tío con dos huevos, y que si me quería de verdad debía mantenerme económicamente y apartarme de ese trabajo. No hubo manera de hacerle comprender que era una decisión mía y como no se me da bien mentir acabé por no volver por allí. 
Hombres con mucho poder económico se ofrecieron a ponerme un piso y pasarme una mensualidad,... También me ofrecían trabajos de todo tipo: Camarera, gogó (en discotecas en las que alguna vez hice un descanso y me quedé a bailar un rato),....Todos pensaban que era mejor su oferta que lo que yo hacía. El dueño de una sala me insistió bastante afirmando que ganaría un montón de dinero en su local. Cuando le hablé de mi auténtica profesión y estudios cambió de opinión y me quería como novia de su hijo... Llegué a encontrarme con algunos que habían estado a mis órdenes en otro tiempo y, en pocos días, hube de dejar también aquellos lugares porque me convertí en una atracción para ellos. Hasta el que había sido mi jefe apareció "para rescatarme" según él. Me había puteado bien cuando más baja de ánimos me encontraba y ahora decía que lo había hecho por amor, que siempre había estado enamorado de mí. También se ofreció a dejar a su mujer e hijos para ir a vivir conmigo... Ninguno me dijo "Te quiero tal como eres", ninguno tocó mi corazón
|
|
|
MENTES ESPINOSAS
Me ocurrieron cosas muy curiosas en mi mundo de rosas. Por un lado, la desaprobación social de mi familia y amigos que consideraban de locos el que hubiera dejado un "buen trabajo" que me daba cierto prestigio y seguridad económica por una vida incierta y "de gitanos"; por otro, había amigos que venían acompañados de gente desconocida que querían conocerme porque les parecía un "bicho raro" admirable. Incluso se ponían nerviosos al conocerme y se sentaban frente a mí mirando cómo preparaba cada flor y esperando que sucediera algo extraordinario. Pero tenían algo en común cuando me encontraban por la noche: Casi nadie quería ser reconocido por la florista y hacían todo tipo de gestos raros intentando ocultarse a mis ojos. Sentían "vergüenza ajena" de una persona que vendía rosas...??????? Lo más divertido era cuando descubría infidelidades matrimoniales, no ya de famosos, sino de esos conocidos que se consideraban por encima. Primero cambiaban de color, después me llamaban preguntando: "¿Qué haces tú aquí?" -"Ya ves, es que este lugar forma parte de mi recorrido..." A continuación querían conocer todo mi camino, supongo que para ir a otro lugar donde no pudiera descubrirles: "Espero que no se te ocurra decir nada..." -"Tranquilos, no es asunto mío" Y me compraban una flor como si me hicieran el mayor favor del mundo.
|
|
|
ROSAS CON ESPINAS
Siempre había tenido miedo a caminar sola de noche desde que me trasladé del pueblo a la gran ciudad. En el campo conocía cada ruido, cada piedra del camino, cada árbol,...reconocía a la gente por sus pasos. Desde niños estábamos acostumbrados todos a nuestro entorno y no había nadie de quien no supieramos toda su historia. La urbe era otra cosa, demasiados coches y desconocidos, robos y crímenes, ruidos por doquier,...Todos los miedos de mi sangre afloraron y mi cuerpo siempre estaba en guardia; vigilaba cada uno de mis pasos procurando ir siempre por calles iluminadas y transitadas, no tomaba ni una gota de alcohol y libraba auténticas batallitas por no querer aceptar invitaciones. Llegué a encontrarme con un conocido del barrio asaltando una tienda, me dio las buenas noches y me hizo un gesto de "Chitón o te corto el cuello". No soy una persona religiosa en el sentido de pertenecer a ningún credo o iglesia. Mis oraciones son algo propio y las dirijo a un Ser sin nombre, más allá de todas las imágenes dadas. Y cada noche me sentí protegida por Él hasta que aprendí a confiar y disfrutar. Al igual que mi amiga Lola, conocí el peligro. En una ocasión se acercó a mí una chica preguntándome por las rosas y dando muestras de gran interés, de pronto se me abalanzó e intentó introducirme en un coche conducido por un tío, empecé a gritar como una loca y a luchar contra ella hasta que acudió gente, me soltó introduciéndose en el coche y saliendo disparados. Durante más de una hora permanecí en un pub, temblando hasta que tuve fuerzas para salir y tomar un taxi. Tardé tiempo en pasar por allí de nuevo. Pero los incidentes desagradables fueron mínimos, las experiencias maravillosas fueron más y lo que descubrí del mundo y de mí misma aún me asombra.
|
|
|
UN CAMINO DE ROSAS
Las rosas produjeron un cambio en mi casa interior y exterior: Las flores necesitan un ambiente limpio para irradiar toda su belleza y armonía y lo primero que hacía cada día era limpiar todo escrupulosamente. Mi atuendo también varió porque entraba a lugares con muy poca luz y necesitaba dar los cambios de manera rápida; fue cuando empecé a usar pantalones multibolsillos y multicremalleras y zapatos listos para correr si era necesario. Me gustaba ir a buscar las rosas y elegirlas, así que acabé conociendo todos los almacenes de flores. Algunos pusieron peros al principio, decían que ellos eran mayoristas, etc., etc. Luego intentaron venderme las estropeadas, incluso hubo un chulito encargado que, a espaldas de su jefe, pretendía regalármelas y llevarse el 70% de mis ganancias. Hasta que encontré mis sitios y gente maravillosa que incluso me fiaba o me encasquetaban un montón de cajas cuando tenían exceso. A veces estaba sin un duro y salía con ansia de vender lo cual producía el efecto contrario y hasta me sentía mal mirada. Entonces me sentaba en algún banco del camino tratando de cambiar el chip o tomando fuerzas para volver a casa bajo el peso del fracaso. Pero la magia existe y la gente se acercaba y me las pedía. Cuando aprendes a ACEPTAR LO QUE HAY ¡TODO FLUYE! Y si no, te vas a casa a ESPERAR EL MOMENTO Cada rosa producía sonrisas, caricias y besos....O buena suerte, como afirmaban algunos de mis clientes que me las compraban a diario (también les regalaba). El ramo me producía un efecto extraordinario, me hacía sentir segura porque los fantasmas de la noche y los transeúntes te miran pensando: "¡Pobrecita, es la florista, y no debe haber vendido nada por lo cargada que va!" Hasta los yonquis me saludaban al pasar ofreciéndome gratis cualquier sustancia, lo mismo que otros con más medios que querían ponerme un piso (teniendo ellos la llave, por supuesto) o pagarme 50000 pts. por el ramo siempre y cuando me quedara a tomar una copa; después me llamaban imbécil por no aceptar. En ocasiones encontraba conocidos que escondían la cabeza y cambiaban de color....Lo mismo le ocurría a una amiga, hija de catedrático y una dama con apellidos kilométricos, para los cuales era la verguenza familiar y le tenían prohibido cualquier gesto de reconocimiento si los encontraba en cualquier sitio. Entre los famosos había de todo: En una ocasión encontré a una conocida duquesa con su lío de entonces según "Diez minutos", un cantante y actor sudamericano nada conocido por aquí; quiso pagarme con un autógrafo y cuando le contesté que mi casera no me los admitía como pago del alquiler, ella se sonrojó y él me miró furioso casi tirándome el dinero. 
|
|
|
LA NIÑA DE LAS ROSAS

Desnudé mi alma ante las flores Cada paso era el placer del momento justo: Ir a buscarlas al almacén, elegir las más bellas (aunque fueran las más caras), prepararlas una a una, admirar toda la casa inundada de flores, esperar el instante de hacer el ramo y lanzarme a la calle,... Todo el mundo se quedaba mirando y muchos se atrevían a preguntar para qué o para quién eran las rosas: Me las compraban por todas partes siempre y cuando caminara sin ansia de vender... Superar el miedo a ir sola de noche y mi timidez me llevó algún tiempo. A veces me refugiaba en algún sitio a desahogar tensiones con lágrimas,...respiraba hondo y entraba en los sitios que me parecían apropiados. Siempre pedía permiso al dueño del lugar: La mayoría me lo dieron encantados porque sólo pasaba una única vez al día (así no molestaba a la clientela), pero hubo alguno que me exigió el 50% de las ventas (a lo cual me negué y nunca volví al lugar). Correspondía a mi manera regalando alguna de vez en cuando y haciendo precios especiales para todos los trabajadores del lugar. Poco a poco empecé a gozar de cada instante, aprendí a conocer a la gente y sólo vendía a quien me daba la gana. Si alguien se dirigía a mí de forma que no me gustara me negaba por mucho dinero que me ofreciese. Nunca tuve un precio fijo para mis flores, variaba según las personas que me las pedían, la cantidad, la amabilidad, etc. También las regalaba o las cambiaba según la situación (por un café cuando tenía frío y no había vendido ninguna, por un bocata, por la vuelta en taxi, etc.). Nadie me preguntaba mi nombre, "La niña de las rosas" me llamaban
Me ocurrieron cosas extraordinarias y maravillosas que iré desgranando en este blog, por ejemplo: A menudo pasaba por un lugar que me parecía tan elegante y caro que nunca entré por temor a que me negaran la entrada; pues bien, un día el propio dueño del lugar me llamó muy enfadado conmigo porque pensaba que yo despreciaba su local: "A ver, bonita, ¿por qué entras en los de toda la calle menos aquí? ¿Te crees acaso que es un lugar de mala reputación?" Cuando le dije la verdad nos reímos juntos, pasé dentro y me pareció estar en una página de la revista "Hola": famosos de alto nivel, aristócratas, políticos y banqueros,....¡Temblaba de pies a cabeza cuando me acercaba a ellos! Nunca olvidaré a este hombre que cambió mi idea sobre los potentados, él fue extraordinario conmigo y en muchas ocasiones me compró todo el ramo y yo lo repartía entre sus clientas. Él mismo me preparaba algo para tomar cuando veía mi cara de frío y me sentaba junto a su madre y su esposa (maravillosas ambas) en aquel lugar donde nunca hubiera podido pagar ni una aceituna. ¿Sabéis que hay cientos de rosas diferentes y que cada una tiene su nombre? 
|
|
|
ROSAS, ROSAS, ROSAS
 ROSEAR fue el nombre que dimos a nuestro camino de rosas. Abarcaba toda una gama de significado para nosotras: Vender a diferentes precios según la ocasión o las personas, regalar en el momento apropiado, intercambiar flores por otras cosas (un bocadillo, un vaso de leche, la vuelta a casa en taxi, etc.). ROSERAS nos considerábamos. Más tarde supe que este es el nombre de las mujeres que recogen la flor del azafrán. 
Se me abrieron muchas puertas porque sólo pasaba una vez cada día y así no era pesada con nadie. En muchos sitios tenía la exclusiva. Me trataron con mucho afecto y respeto en todos ellos, tanto que alguna vez el dueño puso de patitas en la calle a algún cliente que intentó pasarse conmigo. Correspondí de todo corazón regalando rosas cada cierto tiempo, haciéndoles precios especiales a todos los trabajadores del lugar, llevando encargos (ramos enteros para sus esposas o novias, ramilletes para decorar las mesas en fechas especiales, ....). Entregaba a los dueños todo lo que encontraba en el suelo del local: joyas en ocasiones, carteras que se le habían caído a alguien,...Algunos no se explicaban por qué no me quedaba con ellas, pero considero que lo que está dentro de una casa ajena no puedó apropiármelo. Es curioso la imagen que se hace el mundo de una chica que vende flores por la calle. A mí me gustaba llevar un gran ramo para que se viera bien y porque me daba sensación de seguridad, en cambio todos ellos pensaban que no vendía muchas y que era una pobre niña. Un día encontré al escritor Francisco Umbral sentado en una terraza en compañía de la actriz Carmen Platero. Me llamó: "¡Déme una rosa, pobre mujer!" Le contesté:"Elija usted, pobre hombre" Me miró de abajo a arriba, entre asombrado y ofendido. Yo le miré de arriba a abajo (porque estaba de pie y él sentado) aguantando la risa y pensando que ya me había cargado una venta. Pero eligió una flor y me pagó con su habitual cara malhumorada, ¿alguien ha visto sonreír a este hombre alguna vez?
|
|
|
[primera página] [página anterior]
[página siguiente]
|