
Esta es una historia real: Un trozo de mi vida
Tenía veintipocos años y me sentía completamente fracasada y perdida. Decidí abandonar el trabajo y aclarar mi situación: Nada era lo que había soñado y me sentía engañada por el mundo, por los libros y por todo.
Con el paro, el finiquito y lo que tenía ahorrado podría vivir unos tres años estirándolo. Mi familia puso el grito en el cielo llamándome loca; según ellos, debía ir al médico a que me recetara tranquilizantes y echarme otro novio rápidamente.
Como seguí adelante con mi decisión me dijeron que me las apañara solita y que no contara con ayuda económica de su parte. Mis amigos opinaron lo mismo, todos menos uno que reconoció morirse de envidia por no poder hacer lo mismo ya que estaba casado y con una niña pequeña.

Me encerré en mí misma y en mi casa durante mucho tiempo; sólo salía a comprar comida cuando ya no me quedaba ni pan duro. Llamaban por teléfono y no respondía, llamaban a la puerta y tampoco abría: "¡Dinos si estás bien, por lo menos!" -Les contestaba que sí y que me dejaran en paz.
Se acabó el paro y se acabó el dinero pero me echaban sobres en el buzón y por debajo de la puerta. Hasta que reuní a mis amigos y les pedí que no lo hicieran más: Tenía que encontrar fuerza en mi interior PARA VIVIR O PARA MORIR.
Debía abandonar aquella casa en la que tanta ilusión había puesto al vivir con mi primera pareja, una casa que me marcó en muchos aspectos: momentos muy felices, momentos de gran dolor y traición, momentos de revelación...
Invité a todos aquellos a los que estaba agradecida y repartí todas mis pertenencias: Muebles, libros, cuadros, discos, ropa,...
Nadie quería coger nada al principio,...sólo me quedé con un bolso de ropa y la Biblia (porque nadie la quiso).
Me gasté las últimas 2000 pts. en rosas. Una amiga me enseñó a prepararlas y a salir por la noche a venderlas por pubs, discotecas, etc. En aquel entonces las únicas floristas que vendían por la calle eran gitanas y no estaban muy bien vistas.
Temblaba de pies a cabeza cuando entré en el primer pub: Miedo, vergüenza, timidez,...se mezclaban en mi mente y tenía grandes ganas de llorar. Una chica me miró: "¡Pobrecita, si estás temblando! ¿Qué te pasa?"
Le confesé la verdad, se volvió hacia su novio y sus amigos y todos me compraron rosas. El resto de la gente hizo lo mismo, ¡hasta los cocineros!
Ahí comenzó una de las mejores etapas de mi vida
¿QUIEREN ROSAS?
