
Llegamos a formar toda una pandilla de floristas y llegué a compartir casa con algunas durante un breve tiempo. Mi amiga Lola se había convertido en el líder natural porque fue la primera rosera y nos enseñó a las demás, además era la persona más valiente que yo había conocido pero su rollo no me iba.
Casi llegó a formar una secta a su alrededor y todos la obedecían, todos menos yo. Así que me fui a mi aire pero lo pasábamos muy bien juntas siempre que no intentaba imponerme sus creencias; aprendí mucho de ella, pero no lo que pretendía enseñarme.
EL VALOR fue su legado más importante. Una noche me llamó a las cinco de la mañana y apareció con la pierna ensangrentada; tres hombres le habían salido al paso pidiéndole el dinero, ella trató de usar "sus poderes" y le dieron un navajazo en el muslo robándole todo. Sólo le quedó un papelito en el bolsillo con mi número de teléfono. Fuimos a urgencias y durante horas analizamos el error que había cometido al andar por ciertas calles del barrio a esas horas y creerse "un gurú con rayos en sus ojos" (Nos reímos como locas mientras me contaba como intentó dominarlos con su mirada).
Al día siguiente decidió volver a salir para no dejarse vencer por el miedo, eso sí, cambiando el rumbo de sus pasos.

Lola y las otras ya entraban en algunos lugares en los que yo no me atrevía nunca debido a los estereotipos de mi mente. Pero me encantaba que me contaran todos los detalles de los puticlubs, hasta que un día me atreví acompañada de un chico que también roseaba. Encontré mujeres de una ternura increíble y hombres muy desagradables que las trataban fatal; ellas me compraban las rosas y cuando no había clientes me contaron muchas cosas de sus vidas.
En uno no volví a entrar nunca porque di lugar a una situación muy embarazosa: Pasé por primera vez y me quedé pasmada mirando como una pareja desnuda lo hacían sobre una mesa mientras el resto jaleaba y reía. Alguien me llamó pidiendo rosas pero estaba petrificada como un niño y no podía moverme; se hizo un silencio sepulcral y todos se volvieron hacia mí. Entonces me di la vuelta y salí corriendo temblando como una hoja.
